martes, 29 de marzo de 2016

El les dijo: —Echad la red al lado derecho de la barca, y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces

RECUERDA
Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Nos preparamos para exponer en la congregación

El Señor Jesucristo nos prepara para ser PESCADORES DE HOMBRES
Juan 21:1-8

21: 1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en el mar de Tiberias. Se manifestó de esta manera: 

2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado Dídimo,  Natanael que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 

3 Simón Pedro les dijo: 
—Voy a pescar. 
Le dijeron: 
—Vamos nosotros también contigo. 
Salieron y entraron en la barca, pero aquella noche no consiguieron nada. 4 Al amanecer, Jesús se presentó en la playa, aunque los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús.

 5 Entonces Jesús les dijo: 
—Hijitos, ¿no tenéis nada de comer? 
Le contestaron: 
—No. 

6 El les dijo: 
—Echad la red al lado derecho de la barca, y hallaréis. 
La echaron, pues, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. 

7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: 
—¡Es el Señor! 
Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó el manto, pues se lo había quitado, y se tiró al mar. 

8 Los otros discípulos llegaron con la barca, arrastrando la red con los peces; porque no estaban lejos de tierra, sino como a doscientos codos.  9 Cuando bajaron a tierra, vieron brasas puestas, con pescado encima, y pan. 

Pescadores... Pero de hombres


 Somos pescadores de hombres: 
Hay que obedecer a Cristo 
(Juan 21:1–8)

El Señor había instruido a sus discípulos a encontrarse con él en Galilea, lo que ayuda a explicar por qué ellos estaban en el mar de Galilea, también llamado el mar de Tiberias (Mateo 26:32; Mateo 28:7–10; Marcos 16:7). Pero Juan no explicó por qué Pedro decidió irse a pescar, y los comentaristas no concuerdan en sus ideas. Algunos afirman que él tenía perfecto derecho de hacerlo, que tenía cuentas que pagar, y la mejor manera de conseguir dinero era yendo a pescar. ¿Para qué estar sin hacer nada? ¡Haz algo!

Otros piensan que Pedro había sido llamado de esa vida (Lucas 5:1–11) y que no estaba bien que volviera a lo mismo. Además de eso, cuando Pedro se fue a pescar, ¡se llevó consigo a otros seis hombres! Si Pedro estaba equivocado, ellos también lo estaban; y es triste cuando un creyente hace que otros se descarríen.

De paso, es interesante que por lo menos siete de los doce discípulos probablemente fueron pescadores. ¿Por qué llamó Jesús a tantos pescadores para que le siguieran? Por un lado, los pescadores son valientes, y Jesús necesita seguidores valientes. También se dedican a una sola cosa, y no se distraen fácilmente. ¡Los pescadores no se desisten! (Estamos pensando, por supuesto, en pescadores profesionales, ¡no en la gente que pesca como deporte en las vacaciones!) Saben recibir órdenes, y saben trabajar unidos.

Si Pedro y sus amigos hicieron bien o mal, no hay manera de demostrarlo, aunque personalmente pienso que no estaba bien; pero lo que sí sabemos es esto: sus esfuerzos fueron en vano. ¿Se habían olvidado las palabras del Señor: “Porque separados de mí nada podéis hacer”? (Juan 15:5). Habían trabajado toda la noche, y no habían pescado nada. Con seguridad Pedro debe haber recordado lo que sucedió dos años antes, cuando Jesús lo llamó al discipulado a tiempo completo (Lucas 5:1–11). En esa ocasión Pedro había estado pescando toda la noche, y no había pescado nada, pero Jesús transformó su fracaso en éxito.

Tal vez la impulsividad de Pedro y su confianza en sí mismo estaban mostrándose de nuevo. Era sincero, y trabajó duro, pero no hubo ningún resultado. ¡Cómo se parece a algunos creyentes en el servicio del Señor! Piensan sinceramente que están haciendo la voluntad de Dios, pero sus esfuerzos son en vano. Sirven sin dirección del Señor, así que no pueden esperar bendiciones del Señor.

Después de su resurrección a veces la gente no reconocía a nuestro Señor (Lucas 24:16; Juan 20:14); y por eso los discípulos no lo reconocieron cuando, al amanecer, él se apareció en la playa. La pregunta que les hizo esperaba una respuesta negativa: “No han pescado nada para comer, ¿verdad?” La respuesta de ellos fue breve y tal vez con un poco de vergüenza: “No”.

Era tiempo de que Jesús se hiciera cargo de la situación, tal como lo hizo cuando llamó a Pedro al discipulado. Les dijo adónde echar la red; ellos obedecieron, ¡y pescaron 153 peces! La diferencia entre el éxito y el fracaso fue ¡el ancho del barco! Nunca estamos lejos del éxito cuando le permitimos a Jesús que nos dé las órdenes, y por lo general estamos más cerca del éxito de lo que pensamos.

Fue Juan quien primero se percató de que el extraño en la playa era su propio Señor y Maestro. Fue Juan quien se recostó en el pecho del Señor a la mesa (Juan 13:23), y quien estuvo al pie de la cruz cuando su Señor sufrió y murió (Juan 19:26). Es el amor lo que reconoce al Señor y comparte con otros las buenas noticias: “¡Es el Señor!”

Con su impulsividad característica, Pedro rápidamente se puso su túnica exterior, ¡y se echó al agua! ¡Quería ir a Jesús! Esto es en contraste con Lucas 5:8 en donde Pedro le dijo al Señor que se apartara de él. Los otros seis hombres le siguieron en el barco, arrastrando la red llena de peces. En la experiencia registrada en Lucas 5, las redes empezaron a romperse; pero en esta experiencia, la red no se rompió.

Tal vez podemos ver en estos dos milagros de pesca una ilustración de cómo el Señor ayuda a los suyos a pescar almas perdidas. Todos nuestros esfuerzos son inútiles sin su dirección y bendición. En esta edad presente no sabemos cuántos peces hemos pescado, y ¡a menudo parece que las redes van a romperse! Pero al fin del siglo, cuando veamos al Señor, ni un solo pez se perderá y descubriremos cuántos realmente hay.

Jesús llamó a sus discípulos y a nosotros a ser pescadores de hombres. Esta frase no la inventó Jesús; la habían usado por años los maestros griegos y romanos. Ser un pescador de hombres en esos días quería decir buscar y persuadir a los hombres y pescarlos con la verdad. Un pescador agarra peces vivos, pero cuando los atrapa, mueren. El testigo cristiano procura atrapar peces muertos (muertos en sus pecados) y cuando los pesca ¡Cristo les da vida!

Ahora podemos entender por qué Jesús tenía tantos pescadores en su grupo. Los pescadores saben trabajar. Tienen el valor y la fe para “bogar mar adentro”. Tienen mucha paciencia y persistencia, y no se dan por vencido. Saben cooperar unos con otros, y son hábiles para usar el equipo y el barco. ¡Qué ejemplo para nosotros mientras procuramos pescar para Jesucristo!

En verdad somos pescadores de hombres, y hay peces alrededor de nosotros. Si obedecemos las direcciones de Jesús, los pescaremos.

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