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viernes, 28 de julio de 2017

Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda.

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6






LOS PREPARATIVOS PARA LA ADORACION - EL HOLOCAUSTO
LEVÍTICO 1:1 - 17
1Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda. 

3Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. 4Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. 5Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión. 6Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. 7Y los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego. 8Luego los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas, la cabeza y la grosura de los intestinos, sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; 9y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. 

10Si su ofrenda para holocausto fuere del rebaño, de las ovejas o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá. 11Y lo degollará al lado norte del altar delante de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. 12Lo dividirá en sus piezas, con su cabeza y la grosura de los intestinos; y el sacerdote las acomodará sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; 13y lavará las entrañas y las piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y lo hará arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. 

14Si la ofrenda para Jehová fuere holocausto de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, o de palominos. 15Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y le quitará la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar. 16Y le quitará el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas. 17Y la henderá por sus alas, pero no la dividirá en dos; y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. 

EL HOLOCAUSTO
El Holocausto Levítico1:1–17. 
El primer capítulo de Levítico trata del tema del holocausto. Por su importancia es la primera ofrenda mencionada. 
El holocausto es una ofrenda quemada. Es un sacrificio muy antiguo. Puede ser el sacrificio más antiguo (presentado por Abel, Gén. 4:4; Noé, Gén. 8:20; Abraham, Gén. 22:3, 6, 13). La historia de las ofrendas de Caín y Abel puede explicar cómo el holocausto llegó a ser el sacrificio más común para agradar a Dios. (Nota: La Biblia no dice que Dios rechazó la ofrenda de Caín por el tipo de sacrificio, sino indica que fue por la actitud: la condición del corazón.)
El primer versículo de Levítico es una introducción general al libro y el v. 2 introduce el sacrificio del holocausto, el cual está presentado en el primer capítulo.
Llamó a Moisés y habló con él Jehovah.… (v. 1), este versículo relaciona el libro de Levítico con el libro de Exodo. Parece que es una continuación del libro anterior. El libro de Exodo termina con la explicación de la nube que cubrió el tabernáculo. La nube representa la presencia de Jehovah. La voz salió del tabernáculo. Aunque Jehovah es el sujeto de los dos verbos, la construcción gramátical del hebreo permite la idea de que el sujeto del verbo llamó viene del anterior. Entonces, Jehovah llamó desde el tabernáculo. 
El versículo dice: “Llamó a Moisés y habló Jehovah.” El cubrió el tabernáculo con su presencia, llamó a Moisés y habló con él. La frase llamó a Moisés es una introducción común para presentar un mensaje importante. Jehovah llamó a Moisés desde la zarza ardiente, desde Sinaí y ahora desde el tabernáculo. La zarza ardiente y Sinaí habían llegado a ser como lugares santos para Jehovah. 
Ahora el tabernáculo será el lugar santo, donde el pueblo se podrá acercar a Jehovah. Es importante anotar las introducciones a todas las divisiones en el libro de Levítico. A veces, el mensaje está dirigido a Moisés solamente. Así aparece en los caps. 1–10 (1:1; 4:1; 6:1; 8:1). En el cap. 11, la introducción dice que Jehovah habló a Moisés y a Aarón … (11:1; 13:1; 15:1, etc.) En adelante las dos introducciones se intercambian, según el mensaje.
El pueblo que ofrendaEl pueblo de Dios debe ofrendar, aun en medio de grandes necesidades y profunda pobreza. Ejemplos son la viuda de Sarepta y la iglesia de Macedonia. Dios espera la ofrenda de su pueblo como expresión de alabanza, agradecimiento, adoración, alegría y aceptación de que somos sus mayordomos. Dios acepta la ofrenda de su pueblo. Dios se agrada de la ofrenda de su pueblo (1:2, 17).
Habla a los hijos de Israel (v. 2): el mensaje es para toda la nación, no solamente para los sacerdotes. Cuando hay reglamentos para los sacerdotes solamente, dice que habla a Aarón y a sus hijos (8:2; 9:1, etc.). La mayoría del libro está dirigido a la nación. Cuando habla a los sacerdotes es para enseñarles cómo servir al pueblo.
El tema de los primeros siete capítulos se encuentra en la frase cuando alguno de vosotros presente una ofrenda a Jehovah (v. 2; vea también 4:2). Los rabinos dicen que las palabras hebreas cuando alguno de vosotros indican dos cosas importantes. Primera, el pronombre vosotros indica que la ofrenda es personal y específica. Segunda, la preposición cuando indica que debe venir del deseo de la persona. Este concepto elimina la ofrenda de los paganos. Todos los sacrificios tenían que ser acompañados con la confesión sincera de la persona. La palabra ofrenda es la traducción de la palabra hebrea corbán 7133. La palabra se refiere a todos los sacrificios en general. El corbán es una ofrenda, una cosa apartada para sacrificar a Jehovah. Así es consagrada a Jehovah y no puede ser usada para otra cosa (ver los votos en el cap. 27). Esta ofrenda es mencionada por Cristo en Marcos 7:11.
Luego, siguen las instrucciones sobre el tipo de ofrendas que deben ofrecer y la manera de ofrecerlas. Hay tres grupos de animales aceptables para el holocausto: … será del ganado vacuno u ovino (v. 2b). El uso de la preposición min en el hebreo antes de cada una de las tres palabras ganado, vacuno y ovino sugiere una lista de tres grupos distintos. Algunos dicen que la traducción debe ser “del ganado: de vacuno u ovino”, usando la palabra “ganado” en general y “vacuno” y “ovino” como tipos de “ganado”. El capítulo sugiere la posibilidad que las tres palabras ganado, vacuno y ovino representan tres grupos explicados en el capítulo. Los vv. 3–9 hablan de cómo ofrecer ganado y los vv. 10–13 del rebaño (vacuno). En realidad las aves (vv. 14–17) no aparecen en el v. 3. Las aves representan un sacrificio especial para los pobres.:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Cómo ofrendar  I.      Ofrendar lo mejor ( Lev 1:3, 10).          1.      Sin defecto.          2.      De valor.          3.      Seleccionado.          4.      No fermentado (Lev 1:11; 2:11).
  II.      Ofrendar voluntariamente (Lev 1:3).          1.      Dios no rechaza lo hecho de corazón.          2.      Dios acepta lo espontáneo, lo que es no obligado.
  III.      Ofrendar aceptablemente ante Jehovah (Lev 1:3, 5, 11).          1.      De olor grato a Jehovah (1:9, 13, 17).          2.      Para agradar a Dios, no al hombre.
  IV.      Ofrendar con arrepentimiento y humillación (Lev 1:4b).          1.      Para pedir perdón.          2.      Para apoyarse en Dios.:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: El resto del capítulo (vv. 3–17) está dividido en tres partes que explican cómo presentar los tres tipos de holocausto (ver la Introducción para una discusión sobre las divisiones del libro de Levítico). Hay tres tipos de animales aceptables. Estos tres grupos presentan la flexibilidad según la posibilidad económica de la persona. Los que pueden, tienen que ofrecer un macho sin defecto (vv. 3–9). Había otros que no lo tenían, pero podían ofrecer del rebaño (vv. 10–13). Pero estaban los pobres que ni tenían la posibilidad de traer del rebaño; ellos podían ofrecer de las aves (vv. 14–17). Dios no demanda más de lo que uno puede hacer. El reconoció y aceptó la ofrenda por su verdadero valor, el que procede del corazón de la persona.
Cualquiera sea el tipo de animal ofrecido, hay algunos principios que se deben seguir (vv. 3–9). 
Primero, debe ser sin defecto (vv. 3 y 10). (Puede notarse que no menciona sin defecto en relación con las aves, el sacrificio de los pobres.) El énfasis de sin defecto es ofrecer algo que le cuesta al adorador. Malaquías les condenaba porque ofrecían animales sin valor (Mal. 1:8, 13). El principio aquí es que el Señor quiere lo mejor de su pueblo en vez de lo que le sobra. Muchas veces el pueblo de Dios le da el “fruto de verano” en vez de la primicia. Dios demanda lo mejor de toda la vida, no solamente de los sacrificios de animales. Se le debe lo mejor del tiempo y de los talentos, tanto como de las cosas materiales.
Segundo, la ofrenda debe ser ofrecida voluntariamente (v. 3). Esta palabra tiene el sentido de “para que sea aceptable”. La misma palabra deja la idea de que para ser aceptable, debe ser voluntaria. En 2 Corintios 9:7, Pablo dice que la ofrenda debe ser como propuso en su corazón. Aunque bíblicamente la ofrenda es un mandato, cuando el pueblo de Dios ofrece la ofrenda por obligación en vez de hacerlo por el deseo, la ofrenda pierde su valor. Ofrendar solamente por obligación llega a ser legalismo. Este es lo que los profetas condenan (ver Isa. 1:11–15).
Tercero, la ofrenda será ofrecida delante de Jehovah (vv. 3, 5, 11). Después de la descripción de cada sacrificio dice que es un holocausto, una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah (vv. 9, 13, 17). El término grato olor es como un modismo para indicar “satisfacer” o “agradar”. El propósito es ofrecerlo en una manera aceptable a Jehovah. No es el sacerdote que debe ser satisfecho. La verdadera adoración es la que es grata a Jehovah. Mucha adoración es para agradar al hombre en vez de a Jehovah. Apocalipsis usa la idea de oraciones como incienso que llevó su humo a la presencia de Dios (Apoc. 5:8). Son ocasiones que agradan a Dios.
Cuarto, la ofrenda es para hacer expiación por el pecado. Para hacer expiación por él (v. 4b). La palabra “expiar” viene del verbo hebreo para “cubrir” y tiene la idea de cubrir el pecado para que no intervenga entre Dios y el hombre. No tiene el mismo sentido de cubrir el pecado con el motivo de esconderlo de los ojos de Dios (Prov. 28:13), sino cubrir el alma (Lev. 17:11) para protegerla de la condenación. Así, Cristo cubrió nuestra vida, protegiéndola del poder del pecado.
Pondrá su mano (v. 4) es la expresión del arrepentimiento y confesión para la expiación de los pecados. La persona que trajo la ofrenda es la que puso su mano. Así se identificó con el pecado. Es interesante que el verbo para “poner” (v. 4) en el hebreo es una palabra que indica apoyarse: así, la idea de “confiar en”. Era un acto de fe. El holocausto, descrito en el cap. 1, era la ofrenda para la expiación y se relaciona con otros sacrificios explicados en Levítico 4 y 7. Esta ofrenda está mencionada en Job 1:5, 42:8 y en Miqueas 6:6.
Finalmente, está la participación por la gente. Los sacerdotes servían como instrumentos de Jehovah en la adoración pero la gente era participante en vez de espectador: pondrá su mano (v. 4). Otra vez, la participación de la persona se ve en el v. 5: degollará el novillo. ¿Es una referencia a Aarón o a la persona sacrificando? Debe ser una referencia a la persona ofreciendo el sacrificio porque hasta este punto en el cap. 1 todos los usos del pronombre “él” vuelven al v. 2 (alguno de vosotros). Al contrario, nunca menciona a Aarón.
Estos sacrificios incluyen el rociamiento de la sangre sobre el altar (v. 5). Levítico 17:11 dice que la sangre es la vida. El hebreo no creía en la división de la persona (alma y cuerpo), sino en la unidad de la persona. El cuerpo tiene que morir para hacer la expiación del pecado. La sangre rociada sobre el altar es la presentación de la vida a Dios.
La única diferencia entre el sacrificio explicado en los vv. 3–9 y aquel de los vv. 10–13 es el tipo de animal sacrificado. Había gente que no podía ofrecer un macho cabrío. La oveja era el sacrificio de la clase mediana, no de los ricos ni de los pobres.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Sumario de las leyes de los sacrificios  I.      Deberes del hombre.          1.      El sacrificio.                 (1)      La sustitución, relacionada con la expiación. El hombre merece la muerte. En su lugar, muere el animal y esta muerte expía los pecados del hombre.             (2)      La consagración: la víctima ofrecida sobre el altar de Dios en lugar del sacrificador. En este acto reconoce que su persona pertenece a Dios, se desprende de una porción de los bienes materiales, como una manera de ofrecerse a sí mismo a Dios. Se observa también la idea de mayordomía.             (3)      La adoración u homenaje. Sacrificar equivale a rendir un culto a Dios, atribuirle la gloria, de quien dependemos y a quien debemos culto y sumisión.              (4)      La comunión. Es la parte en que el adorador participa en la carne de la víctima, relacionada con las comidas sagradas.           2.      La pureza.          Se creía que la enfermedad era consecuencia e influencia de los malos espíritus.          La limpieza personal y física no está lejos de la limpieza espiritual. Dios quiere que seamos limpios: espiritual, física y mentalmente.          La purificación personal entre los israelitas simbolizaba la santidad.           3.      El sacerdocio.          Tuvo su origen en el concepto de que Dios es trascendente, alejado de la vida del hombre común e inaccesible. Tenía que haber una clase de personas que por su conocimiento íntimo de Dios sabrían tratarlo. El hombre común sin tener tales conocimientos sacerdotales o habilidad, o carácter moral, tendría que acercarse a Dios por medio de quien los tenía. La idea de mediación es fundamental en el concepto primitivo del sacerdocio. El sacerdote del AT era esencialmente un mediador.
  II.      Carácter de Dios.        El libro de Levítico presenta claramente ciertos atributos de Dios que son fundamentales en la religión israelita.           1.      La santidad.          Con su énfasis en la purificación, y la expiación del pecado, resalta el carácter de Dios como un Dios santo. Grandes habían de ser los preparativos para entrar a la presencia de Dios, porque Dios es santo.           2.      El monoteísmo.          Reconoce un Dios, y ninguno más. Las ofrendas tenían que ser hechas a Jehovah (1:2). La santidad de Jehovah es la que ha de servir de ejemplo (19:2; 20:7). El culto a Moloc es especialmente condenado.
           3.      La presencia de Dios con su pueblo.          Esta idea se expresa mejor en el simbolismo del tabernáculo, porque éste representaba la presencia de Dios con su pueblo. El primer versículo del libro de Levítico afirma explícitamente que Jehovah llamó a Moisés desde el tabernáculo de reunión, y se sobreentiende que desde entonces venían de este lugar las comunicaciones divinas que aparecen en el libro, lo que representaba la continua presencia de Dios con su pueblo.::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Los vv. 14–17 explican el sacrificio de aves. Es distinto de los sacrificios anteriores, pero incluye los mismos principios. Este sacrificio es una provisión para los que no podían comprar ganado u ovejas; es el sacrificio de los pobres.
Todo el ritual estaba explicado en términos claros para que los hebreos no cayeran en las prácticas de los paganos. Un énfasis importante es que cualquiera que sea el sacrificio o el tipo de animal sacrificado, lo más importante de la presentación es la manera y el espíritu con que se presenta. Los hebreos levantaban el sistema de sacrificios más allá de los de los paganos. Quitaron todos los aspectos de superstición y magia y le dieron una dignidad superior. Dice que el valor del sacrificio vino del corazón del que presentaba el sacrificio. Si no tuviera el espíritu de humildad y de fe, el sacrificio no sería más que el de los paganos.Cristo es el sacrificio aceptable a Dios. Debemos poner nuestras manos sobre él (es decir, poner la fe en él) para que el sacrificio llegue a ser nuestro. Cuando nos acercamos a Cristo, Dios ve el corazón antes de ver la manera del acercamiento. El animal fue quemado completamente. Esto simbolizaba la necesidad de un rendimiento completo.


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miércoles, 1 de febrero de 2017

Edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Justificación: ANTIGUO TESTAMENTO



La justificación según las Escrituras del Antiguo Testamento


En este estudio «justificación» significa que una persona es considerada y tratada por Dios como libre de toda maldad y poseedora de una santidad perfecta. Tal persona goza del favor y la bendición de Dios. La justificación significa más que el mero perdón de pecados; significa que la persona justificada es considerada como si hubiese cumplido todas las leyes de Dios perfectamente.

Las leyes de Dios son las únicas reglas por las cuales podemos ser justificados o condenados. Entonces debemos decir ciertamente que la justificación no es posible para nosotros, pues todos nosotros hemos quebrantado esas leyes. Entonces, ¿cómo podremos ser justificados? Ese es el tema de nuestro libro. El evangelio de Jesucristo es capaz de resolver el problema.

La Biblia describe dos métodos de justificación:
a) Hubo un tiempo en que un hombre y una mujer vivieron libres de toda maldad. 
Nos referimos a nuestros primeros padres, Adán y Eva. Ellos fueron creados santos, dichosos y libres de todo pecado. Dios les reveló que, obedeciendo a sus mandatos, podían permanecer en ese estado santo y dichoso, justificados por su obediencia. La desobediencia —dijo Dios— resultaría en la pérdida del favor divino y su muerte.

El primer método de justificación, por tanto, era por obediencia al mandato de Dios. Pero este método fue válido solamente para aquellas personas que eran ya santas y sin pecado. Tan pronto como Adán y Eva desobedecieron a Dios, este método de justificación no pudo ayudarles en absoluto. La ley de Dios, quebrantada por su desobediencia, les condenaba como transgresores; nunca les podría justificar, esto es, no les podría declarar santos y libres de maldad.

b) Desde que Adán y Eva cayeron en el pecado por su desobediencia, se hizo imprescindible que la justificación fuera posible para aquellos que ya son pecadores. Un segundo método de justificación fue revelado por Dios cuando Adán y Eva fueron convocados a presentarse delante de él (Gn. 3:14–16).

Las palabras que Dios les habló en aquel entonces significaban que él estaba tomando la justificación de ellos en sus propias manos; que él enviaría a la tierra un Salvador, nacido de mujer, el cual aplastaría el poder de Satanás y que rescataría a los pecadores de las garras de este.

Este primer anuncio del propósito misericordioso de Dios se hizo en unos términos muy generales. Sin embargo, contiene las mismas verdades expresadas tan extensamente en el evangelio del Nuevo Testamento. Este es un método de justificación por la pura gracia de Dios. Un libertador divino habría de venir: Cristo Jesús, quien sufriría por el pecado en lugar del pecador. Dios, soberanamente, se hizo cargo de la justificación de pecadores desvalidos mediante su don misericordioso de la salvación.

Como resultado de la promesa de Dios con respecto a su Salvador, Adán y Eva, y con posterioridad los creyentes del Antiguo Testamento, eran conscientes de tener sentimientos mezclados: por una parte, había en ellos miedo a Dios debido a su desobediencia; pero por otra parte, tenían esperanza en la promesa de liberación hecha por Dios. Estos sentimientos se expresaban por medio de los ritos en los cuales se sacrificaban animales a Dios.

Un animal era sacrificado; su vida, como su sangre, se derramaba. Esto expresaba la certidumbre de la ira de Dios en su juicio. El animal era inocente pero, con todo, era sacrificado como un sustituto por el pecador. Era la expresión de la certeza de la provisión de un libertador divino.

Tales sacrificios en el Antiguo Testamento describían, obviamente de una manera simbólica, la labor de Jesucristo, «el Cordero de Dios» que quitaría el pecado (Jn 1:29). Por ofrecer tal sacrificio y creyendo en su significado, Abel «alcanzó testimonio de que era justo» (He. 11:4). Evidentemente, en aquellos tiempos como ahora, todos los creyentes en el plan de Dios para obtener la salvación por la muerte de un sustituto inocente, eran y son justificados. Los incrédulos que rechazan el plan de salvación de Dios deben permanecer bajo el juicio de Dios por su propio pecado.

En el Diluvio que destruyó a toda la humanidad excepto a Noé y su familia, Dios demostró al mismo tiempo su ira sobre los pecadores que se aferraron a su incredulidad y su justificación a aquellos creyentes obedientes en el arca.

Después del Diluvio la revelación del método de justificación hecha por Dios, proveyendo misericordiosamente el Salvador, vino a ser más evidente. El caso más memorable de esta justificación por gracia en los tiempos de los patriarcas es el de Abraham. Su caso se menciona a menudo en los escritos del Nuevo Testamento como un ejemplo de este segundo método de justificación (Jn. 8:56; Ro. 4:3; Gá. 3:6; Stg. 2:23).

La siguiente época en la historia de la justificación en el Antiguo Testamento fue la introducida por la revelación de la ley dada a Moisés en el Monte Sinaí. El propósito de esta ley era doble: gobernar la vida de los judíos como una nación y educarles para estar preparados para recibir al Salvador prometido, a través de quien, tal como lo entendió Abraham, «todas las familias de la tierra serían bendecidas».

En relación con el primero de estos propósitos, esto es, la ley como guía para la vida nacional, el bienestar físico del pueblo dependía de su obediencia a la ley. En este sentido nacional, su prosperidad dependía de sus propias obras. Se podía pensar que la ley era un «pacto de obras» nacional.

En lo que respecta a la salvación eterna de los que creen, el segundo propósito de la ley era convencer de pecado y así educar a los judíos en preparación para la venida del Salvador. El apóstol Pablo se refiere a la ley en este sentido, para probar la imposibilidad de que alguno sea justificado por guardar la ley, pues esta no puede ser cumplida perfectamente por cristianos pecadores.

La ley, por tanto, no era contraria al método de justificación por el cual Dios misericordiosamente proveía un Salvador. Por el contrario, la ley estaba concebida para contribuir al conocimiento de este método. Todas las ceremonias legales que se ordenaba observar eran símbolos llenos de significado de las cosas espirituales. Todo el ritual de la Iglesia del Antiguo Testamento ilustra los diferentes aspectos de la obra de Cristo el Salvador. De esta manera, el devoto israelita era justificado por pura gracia a través de la fe en un Cristo que había de venir, de la misma manera que lo es el cristiano en los días del Nuevo Testamento, respecto al Cristo ya venido.

Durante el período de la ley, Dios continuamente envió profetas a los judíos para explicarles tanto el significado nacional como el espiritual de su ley. En el tiempo de David y Samuel hubo un incremento considerable en el conocimiento revelado acerca del Mesías que habría de venir. Más tarde, Isaías y otros profetas le describieron con gran detalle. Estas verdades eran la base de la fe de los verdaderos creyentes de la Iglesia judía.

En las primeras páginas de Mateo y Lucas, en el Nuevo Testamento, encontramos a varios auténticos creyentes que esperaban la justificación por medio del cumplimiento por parte de Dios, de su promesa dada mucho tiempo atrás de enviar un Salvador. Zacarías, Elisabet, Simeón, Ana y otros «esperaban la redención en Jerusalén» (Lc. caps. 1 y 2).

El Antiguo Testamento, considerado como un documento de conocimiento de la vida espiritual, no tiene paralelo en ningún otro escrito filosófico ancestral. El Antiguo Testamento está lleno de la verdad del evangelio que enseña que Dios justifica gratuitamente a los pecadores que creen en él. Los apóstoles pudieron basar ampliamente su enseñanza acerca de este método de justificación en las experiencias de Abraham, David y otros creyentes del Antiguo Testamento (Ro. 4; He. 11), solamente porque este evangelio era conocido y creído en los días del Antiguo Testamento.

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lunes, 9 de mayo de 2016

Porque oigo del amor y de la fe que tienes para con el Señor Jesús y hacia todos los santos, de manera que la comunión de tu fe ha venido a ser eficaz en el pleno conocimiento de todo lo bueno que hay en nosotros para la gloria de Cristo.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




MUCHA LIBERTAD EN CRISTO: ONÉSIMO ARREPENTIDO


¿PARA QUÉ LEER LA EPÍSTOLA A FILEMÓN?

Con frecuencia oímos decir que el tema de la Epístola a Filemón es la esclavitud:

    La carta trata con el problema de la esclavitud, el tráfico de vidas humanas, y cuál debe ser la respuesta cristiana a ello.

Sin embargo, aun una lectura somera del texto revela que éste no es el caso. Es cierto que el contenido de la Epístola tuvo profundas implicaciones para la esclavitud, pero su tema no es la esclavitud.

La carta hace referencia a un esclavo y explica cómo debe ser recibido en una comunidad cristiana, pero no entra en debate sobre la actitud cristiana hacia la esclavitud como institución.

Y si bien podemos afirmar que, si todo el mundo tuviese las mismas actitudes que vemos en Pablo hacia los esclavos, acabarían automáticamente aquellos abusos en el trato humano que la esclavitud institucional suele comportar, aun así no podemos decir que Pablo esté atacando a la institución en sí.

De hecho, el apóstol trata mucho más directamente el tema de la esclavitud en otros textos (como, por ejemplo, 1 Corintios 7:21–22; Gálatas 3:28; Efesios 6:5–9; Colosenses 3:22–4:1; 1 Timoteo 6:1–2; Tito 2:9–10), un estudio de los cuales nos revelaría mucho más acerca de la enseñanza apostólica en torno a la esclavitud que la que encontramos en la Epístola a Filemón.

Ciertamente ésta despierta en nosotros algunas preguntas acerca de la esclavitud y exige a los cristianos comportamientos que, como ya hemos dicho, acaban implícitamente con los peores abusos de la misma. Sin embargo, la esclavitud en sí no es el tema de la Epístola.

Entonces, ¿cuál es su tema?
Estrictamente el tema de Filemón es un asunto de orden práctico. Como dice un comentarista:

    Su contenido es específico. Quizá ningún otro libro bíblico sea tan concreto en cuanto a que haya sido escrito para tratar un solo tema. Hay un punto que Pablo quiere compartir con Filemón. Al margen de los naturales saludos, se limita a hablar de ello y absolutamente nada más. Por eso, nos deja a oscuras en muchas cosas que nos interesaría saber … En Filemón no hay nada doctrinario … Pablo daba por sentado que Filemón conocía ya la doctrina. No era necesario explicársela.

El asunto práctico que la carta aborda es sencillamente la petición de que Filemón reciba a Onésimo con espíritu de perdón y como hermano en el Señor Jesucristo. Las circunstancias de la carta, entonces, son eminentemente prácticas: la necesidad del apóstol de interceder por Onésimo ante un amo ofendido, la petición de benevolencia y amor fraternal hacia el prófugo y —si acaso queremos un segundo «asunto»— la petición de hospedaje para Pablo mismo (Filemón 22).

Éstas son las cuestiones tratadas.
No son en sí mismas temas teológicos, ni siquiera éticos, aunque tienen implicaciones tanto doctrinales como morales.

La teología y la ética de la Epístola se encuentran más allá de su superficie, en el substrato, en las actitudes que subyacen en las peticiones del apóstol. Sin duda fue más bien a causa de ellas, y no por el contenido de la carta en sí, por lo que Filemón fue incorporada dentro del canon del Nuevo Testamento, porque es una Epístola sumamente aleccionadora en cuanto a ciertas actitudes y premisas que deben caracterizar nuestras relaciones fraternales.

Si bien el tema de la Epístola es de importancia relativa, las lecciones prácticas que podemos aprender de ella son de gran trascendencia y pueden ser resumidas en cuatro epígrafes:

    1.      En primer lugar, en Filemón aprendemos:

  •  el tacto, 
  • la cortesía, 
  • la discreción, 
  • la amabilidad, 
  • el respeto, 
  • la delicadeza y 
  • el civismo que deben caracterizar el trato entre creyentes. 
El hecho de que seamos hermanos en Cristo establece entre nosotros ciertas obligaciones y derechos, y éstos, en principio, se prestan a que se abuse fácilmente de ellos. Pero, al leer esta carta, vemos cómo Pablo trata con delicadeza, respeto y afabilidad los derechos que tiene como apóstol y las obligaciones de Filemón, y nunca abusa de ellos.

El hecho de tener ciertos privilegios como miembros de la familia de Dios y de saber que nuestros hermanos tienen obligaciones hacia nosotros nunca debe conducirnos a actitudes de presunción, de abuso o de chantaje moral.

      Esta Epístola da una muestra de la sabiduría más elevada en cuanto a la manera en que los cristianos deberían tratar sus asuntos sociales sobre principios más elevados.

      No contiene exposición ninguna doctrinal ni exhortaciones a la vida cristiana … Su valor consiste en el hecho de que ofrece una lección objetiva de cristianismo práctico … Suministra un ejemplo inspirador de conducta cristiana. Ante todo esta carta es un modelo de cortesía cristiana … No contiene la más mínima afectación, ni engreimiento, ni adulación, ni esfuerzo por impresionar. Es prototipo de sinceridad absoluta y cortesía perfecta.

      Las generaciones se han maravillado de la forma en que [Pablo] logró mantener el tono afectuoso y la mansa fortaleza que le daba su posición de padre espiritual de Filemón. Hay como una oscilación entre lo enérgico y lo bondadoso, que hace que estas líneas sean un modelo para la correspondencia de todos los tiempos.

      [La Epístola a Filemón] nos permite ver la cordialidad de las relaciones humanas que [Pablo] sostiene con un amigo; el tacto y la finura psicológica con que lo lleva a acceder a una súplica; el fino humor con que le propone renunciar a un legítimo derecho y la delicadeza con que le sugiere hacer lo que él no se atreve a pedirle.

    El tono de la Epístola nos recuerda lo que el mismo Pablo escribió a Timoteo:

      El siervo del señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen (2 Timoteo 2:24).

    La lectura de Filemón nos demuestra claramente que Pablo practicaba lo que predicaba.

    2.      En segundo lugar, la Epístola nos enseña ciertas virtudes de la vida cristiana como son 
  • el amor, 
  • el perdón y 
  • la reconciliación. 
Estas virtudes son expresadas de manera sencilla en medio de situaciones cotidianas y reales, no de forma teórica en medio de un tratado moral. Pero precisamente por eso nos llegan con mayor impacto y hermosura.

La auténtica cortesía no se aprende en escuelas de buenos modales, sino como consecuencia de descubrir en Cristo una fuente de amor. El verdadero amor es abnegado y busca el bien del otro, por lo cual siempre se expresa con la cortesía y respeto que acabamos de decir es una de las principales lecciones de esta carta.

    El amor de Pablo hacia Filemón y hacia Onésimo llenan el texto. Abundan frases de tierno afecto, de solidaridad, de cariño. La disposición del autor, y la que espera de sus lectores, es de sacrificio personal por el bien del otro.

El amor de Cristo manifestado en la vida del apóstol es el que derriba barreras sociales, convierte en «hijo» (Fil 10) al siervo inútil y hace que la relación amo-esclavo se disuelva para siempre en una nueva relación fraternal. El amor es la base sobre la cual Pablo funda sus peticiones (Fil 9). Pero el amor no es sólo un sentimiento entrañable; también se ha de manifestar de maneras prácticas. Y Pablo apelará a Filemón para que él practique por amor aquel perdón en el caso de Onésimo del cual él mismo ha sido objeto en Cristo. Aunque la palabra perdón no se encuentra en esta carta, el espíritu de perdón la llena.

    3.      Y esto nos conduce a la tercera gran lección que podemos aprender de esta epístola: la autenticidad del poder transformador del evangelio.

    El autor de la carta había sido hebreo de hebreos, fariseo de fariseos, un celoso de la Ley que, en su fanático afán de mantenerse puro de toda contaminación moral, antes había tratado a los gentiles como perros inmundos.

Ahora se considera a sí mismo apóstol a los gentiles y la redacta con el fin de interceder a favor de su amado hijo espiritual, el esclavo gentil Onésimo. ¿Qué ha efectuado este cambio radical en su vida, en sus actitudes, en sus relaciones y afectos? ¿Qué hace que un arrogante fariseo pueda humillarse y sacrificarse por un despreciado gentil? El poder transformador del evangelio de Jesucristo.

    Vemos este poder operante en Onésimo, convirtiéndolo de inútil en útil, de esclavo prófugo en hermano amado (v. 16). Lo vemos también en Filemón, haciéndole generoso en la concesión de su casa para el uso de la iglesia (v. 2), en su preocupación por las necesidades de todos los creyentes (vs. 5, 7) y —así lo esperamos— en el perdón y amor reconciliador que brinda al esclavo pródigo.

    Esta pequeña carta es la demostración de que el evangelio realmente funciona. Precisamente porque es una carta circunstancial de poco desarrollo teológico explícito, que trata sobre asuntos cotidianos y personas normales, por esto nos convence.

La vida de sus protagonistas sirve como espejo para reflejar la autenticidad del evangelio. Al estudiar este «espejo» tendremos que mirarnos a nosotros mismos. En aquellas vidas el evangelio funcionó, pero ¿qué de las nuestras? Éste es uno de los retos de la Epístola.

    Nuestra lucha a favor de cualquier reforma social siempre estará condenada al fracaso —o, como mucho, al éxito parcial— si no contamos con el poder transformador de Cristo. Nuestra sociedad no practica la esclavitud institucional, pero muchas de las características de la esclavitud todavía están con nosotros.

Mientras el hombre sea hombre, habrá pobreza, injusticia y abuso en las relaciones laborales y sociales. La única solución es que el hombre sea liberado de su vieja humanidad y se convierta en un hombre nuevo, con nuevas actitudes, ambiciones y relaciones. Cuando esto ocurra, los problemas sociales caerán.

Así debe ser en nuestras iglesias y en nuestras relaciones personales con nuestros hermanos en Cristo. Debemos ser la demostración fehaciente de que el evangelio es absolutamente eficaz para la transformación de actitudes egoístas en amor fraternal.

    Porque sabe que el evangelio funciona, Pablo puede escribir a Filemón con la plena esperanza de que éste no llevará a Onésimo al patíbulo, como tenía derecho a hacer, sino que lo recibirá como hermano en Cristo. Y, por esta misma razón, Onésimo puede acceder a volver a su amo, aun a riesgo de ser castigado. Lo puede hacer porque Cristo realmente transforma vidas. Sabe que su relación con Filemón nunca será igual que antes.

    4.      Finalmente, podemos destacar que esta pequeña epístola es un fiel reflejo de lo que significa la libertad en Cristo.

Curiosamente, dos de sus tres protagonistas se encuentran en circunstancias que humanamente parecen incompatibles con la libertad: Pablo es prisionero y Onésimo esclavo. Sin embargo, las relaciones que existen entre ambos, y entre ellos y Filemón, son la expresión de una nueva libertad en Cristo.

La coerción, la manipulación y el engaño ceden ante las nuevas vinculaciones fraternales de amor sincero. Todo rebosa confianza y amistad. Cristo no sólo nos reconcilia con Dios, sino también con nuestros hermanos y con nosotros mismos.

Esta realidad no es abordada en la Epístola como una tesis teórica, sino manifestada como algo real en la experiencia de los protagonistas. Por esto hace impacto. Por esto, también, se podría poner como título de esta carta la frase procedente del versículo 8: Mucha libertad en Cristo.
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miércoles, 27 de abril de 2016

Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos...¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Alimentemos con pastos frescos a la congregación

Una salvación tan grande
Hebreos 2:1-4
2:1  Por lo tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Pues si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación, que al principio fue declarada por el Señor, nos fue confirmada por medio de los que oyeron, 4 dando Dios testimonio juntamente con ellos con señales, maravillas, diversos hechos poderosos y dones repartidos por el Espíritu Santo según su voluntad.

UNA SALVACIÓN TAN GRANDE QUE NO DEBEMOS DESCUIDAR
El peligro de descuidar su revelación
Hebreos 2:1–4
V. 1
El autor de Hebreos interrumpe su exposición de la superioridad de Jesús sobre los ángeles con la primera de varias amonestaciones a sus lectores. 

El propósito de Hebreos no es simplemente lograr que los lectores acepten mentalmente la superioridad de Jesús; lo que creemos se debe reflejar en lo que hacemos. Si Jesucristo tiene una naturaleza tan digna, recta, y poderosa como se mostró en el primer capítulo, debemos dar la mayor atención a la palabra de Dios que él nos trae. Los destinatarios de Hebreos estaban en peligro de dejar su profesión cristiana por temor o apatía. Si aceptaban la superioridad de Cristo, lo mostrarían por la perseverancia.

La salvación no es simplemente un “lugar” donde podemos descansar en pasividad, sino un camino en el cual tenemos que caminar. Si no somos diligentes y activos, progresando en el camino de la fe, nos alejamos poco a poco del Hijo y de sus demandas, como un barco que por descuido pasa la seguridad del puerto y se escurre a la destrucción (Hebreos 6:19 describe nuestra esperanza como un ancla). Más son los que se alejan de Jesús por deslizamiento pasivo, que los que por decisión activa renuncian a la fe.
Semillero homilético
Indicaciones en el camino de la salvación
Hebreos 2:1–4
Introducción: 
Cristóbal Colón no se quedó tranquilo con su descubrimiento de haber encontrado el camino, la ruta a la India, sino que hizo lo imposible para recorrer esa ruta y fue así que se encontró con el Nuevo Mundo. No es suficiente solamente encontrar el camino, sino caminar por ese camino para llegar al lugar deseado.

Jesucristo es el camino de la salvación, eso lo sabemos una mayoría, pero no basta saberlo sino caminar en ese camino, vivir de acuerdo a las reglas de ese camino para encontrar la salvación. De ahí que vale la pena considerar tres indicaciones en el caminar por el camino de la salvación según Hebreos 2:1–4.
I.     Las recomendaciones para el caminar por el camino de la salvación (v. 1a).
1.     La primera recomendación es que debemos ser diligentes en nuestro andar (por el camino de la salvación).
(1)     Porque no es simplemente un refugio donde podemos estar tranquilos y quietos.
(2)     Porque es un camino en el cual tenemos que bregar con esmero y entrega.
2.     La segunda recomendación es que debemos observar las reglas del camino de la salvación con mucha seriedad.
(1)     Porque las reglas son vitales para que permanezcamos en él. (Son mucho más que el vestido, la comida, las comodidades y planes humanos).
(2)     Porque las reglas no son secundarias. (No se las puede tomar como un juego), de ellas depende nuestra felicidad, nuestra paz, nuestra vida.
II.     Los peligros en el caminar por el camino de la salvación (vv. 1b2a).
1.     Uno de los peligros es la negligencia y la pasividad.
(1)     Porque (la negligencia y la pasividad) traen como consecuencia el alejamiento de Cristo y sus demandas. (Más son los que se alejan de Jesús por deslizamiento pasivo, que los que por decisión activa renuncian a la fe).
(2)     Porque la negligencia y la pasividad trae como consecuencia el acomodamiento a un estado parasitario.
2.     Otro de los peligros en el camino de la salvación es la apatía.
(1)     Porque la apatía es un estado de fría indiferencia a las exigencias del camino de salvación.
(2)     Porque la apatía es un estado de dureza, insensibilidad a las demandas del camino de salvación.
III.     Las sanciones en el caminar por el camino de la                      salvación (vv. 2–4).
1.     La sanción es castigo grande a los infractores y desobedientes a los mandamientos de Dios.
(1)     Porque los mandamientos que Dios dio a los antepasados por medio de los ángeles, adquirieron carácter de ley, válidos, y quienes desobedecieron fueron castigados justamente.
(2)     Porque es más importante atender a la palabra suprema y final de Dios, que ofrece salvación por medio de su Hijo, y quienes lo rechacen y lo desobedezcan merecerán un castigo mayor de Dios.
2.     La sanción es castigo grande a los infractores y desobedientes al mensaje de Jesucristo, confirmado por Dios y su iglesia.
(1)     Porque el mensaje de Jesucristo fue de salvación confirmada por los que creyeron (a través de su proclamación y del testimonio de sus vidas cambiadas).
(2)     Porque el mensaje de Jesucristo fue de salvación confirmada por Dios a través de milagros y con la presencia permanente de su Espíritu Santo.
Conclusión
A través de este pasaje la palabra de Dios nos exhorta a tomar en serio el camino de la salvación, el camino de fe en el que nos encontramos por la gracia del amor de Dios.

Al mismo tiempo nos invita a examinar nuestra situación en el camino de la fe, si somos diligentes y tomamos el camino de la fe como lo más importante, como la verdadera prioridad de nuestra existencia, estamos progresando bien en ese camino, rumbo a la meta final, la Jerusalén celestial. 

Pero si seguimos en el camino de la fe con apatía, tomándolo como menos importante que cualquier actividad humana, teniendo más miedo a las pruebas y al rechazo de la gente no creyente, estamos próximos a deslizarnos del camino de la fe al otro camino ancho, que nos llevará a la perdición y, por ende, al castigo eterno de Dios. 

El propósito de este mensaje es que podamos sacudirnos y reaccionar al amor de Dios que no quiere por nada que nos deslicemos del camino de fe, porque ese camino es la prueba de su amor más inmenso por el hombre, fue abierto con la sangre de su hijo amado. ¡No lo rechacemos!

Hebreos confirma su advertencia con un argumento a fortiori (vv. 2, 3a). Este tipo de argumento, frecuente en la epístola, tiene esta forma: “Si A es cierto, con más razón es cierto B”. Aquí el argumento es que, si la ley dada por medio de los ángeles fue válida, cuánto más la salvación que Jesús ofrece. 

Ya que Jesús es superior a los ángeles, la palabra que Dios da por medio de él tiene que ser más importante que la que encargó a los ángeles. Si es importante evitar la retribución que amenaza al que viola la palabra dicha por los ángeles, cuánto más importante es “atender” a la palabra suprema y final de Dios, que ofrece salvación.

Para entender este argumento, hay que saber que los judíos del primer siglo creían que Dios mandó la ley a Moisés por medio de ángeles. El libro de Éxodo no menciona ningún ángel como mediador de la ley, pero tal creencia llegó a ser común entre los judíos por un creciente sentido de la trascendencia de Dios. 

La idea de que los ángeles mediaron la ley de Moisés se refleja en Gálatas 3:19 y Hechos 7:53. Hebreos arguye que Jesús nos ofrece una salvación más grande que la ofrecida en el AT por ángeles, y el que rechaza esta salvación merece una retribución más grande que el que rechaza la del AT.
Vv. 3b, 4
Aparentemente, algunos de los lectores de la carta lamentaban que la ley judía hubiera sido dada por medio de ángeles, mientras ellos habían recibido el evangelio cristiano por medio de meros hombres. El autor corrige este error, afirmando que el primer mensajero que declaró el mensaje cristiano de salvación fue el mismo Señor, el Hijo quien es superior a los ángeles. 

Aunque el autor y los destinatarios de Hebreos no habían escuchado la palabra de labios de Jesús, los que oyeron al Señor les confirmaron el mensaje con su proclamación y con el testimonio de vidas cambiadas. Y Dios dio su confirmación de la verdad de este mensaje con milagros y con la presencia permanente de su Espíritu Santo.

De esta descripción de la recepción del evangelio por los lectores y por el autor de Hebreos, concluimos que ninguno de ellos era de los que anduvieron con Jesús en la tierra. Pero en la fundación de su congregación hubo manifestaciones milagrosas del poder y aprobación de Dios. Estas manifestaciones eran señales que apuntaban a una verdad espiritual. Eran maravillas y produjeron asombro en los que las presenciaron. Eran hechos poderosos, muestras del poder de Dios.

No está claro si el autor quería decir, dones repartidos por el Espíritu Santo o “repartimientos del Espíritu Santo”. El segundo sentido es más probable. Dios repartió el don de su Espíritu a cada uno de los miembros de la comunidad como él quiso, y dado que él nos conoce tan profundamente y nos ama tanto, su voluntad es mejor que lo que escogeríamos por nosotros mismos.
Sobre el poner por encima a una criatura en lugar del Creador
El inca Pachakutek (reformador), noveno rey del Imperio incaico (¿1225–1285?), fue un gran reformador y teólogo. Según el comentario de los cronistas como: Cristóbal de Molina y el padre Bernabé Cobo, en su "Historia del Nuevo Mundo" (escrita en 1654), el inca Pachakutij:

Llamó la atención al hecho de que el astro solar siempre sigue una trayectoria fija, realiza tareas definidas y tiene un horario rígido como cualquier obrero: en otras palabras si inti, sol, fuera Dios ¿por qué no realiza o hace algo original? El rey Pachakutij reiteraba después: el disco solar puede ser encubierto por cualquier nube. Esto quería decir que si inti era realmente Dios, ninguna cosa creada podría cubrir su luz. Sorpresivamente, Pachakutij tembló al darse cuenta de que había estado adorando a una simple criatura como si fuera el Creador.

Entonces, empezó llamando a un congreso de sacerdotes del sol, equivalente pagano del Concilio de Nicea, para proponer el cambio de adorar al Creador antes que a las cosas creadas, porque sería una incongruencia adorar al mismo tiempo a las cosas creadas como si fueran el creador.

Si Pachakutij, un inca pagano, desprovisto de la iluminación judeo cristiana, se pudo dar cuenta de que era una incongruencia poner una criatura en lugar del Creador, lo imperfecto y lo insuficiente antes que lo perfecto y todo suficiente, nosotros tenemos que darnos cuenta a través de la Palabra del Señor en este pasaje, de que no podemos poner a ninguna cosa creada por encima del Creador, por encima de su hijo Jesucristo
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miércoles, 30 de marzo de 2016

De cierto te digo que cuando eras más joven, tú te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, y te ceñirá otro y te llevará a donde no quieras.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar; no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Jesús aparece a los suyos en Galilea
21 : 1Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en el mar de Tiberias. Se manifestó de esta manera: 

2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado Dídimo,  Natanael que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 
3 Simón Pedro les dijo: 
—Voy a pescar. 
Le dijeron: 
—Vamos nosotros también contigo. 
Salieron y entraron en la barca, pero aquella noche no consiguieron nada. 
4 Al amanecer, Jesús se presentó en la playa, aunque los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús. 
5 Entonces Jesús les dijo: 
—Hijitos, ¿no tenéis nada de comer? 
Le contestaron: 
—No. 
6 El les dijo: 
—Echad la red al lado derecho de la barca, y hallaréis. 
La echaron, pues, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. 
7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: 
—¡Es el Señor! 
Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó el manto, pues se lo había quitado, y se tiró al mar. 8 Los otros discípulos llegaron con la barca, arrastrando la red con los peces; porque no estaban lejos de tierra, sino como a doscientos codos.  
9 Cuando bajaron a tierra, vieron brasas puestas, con pescado encima, y pan. 
10 Jesús les dijo: 
—Traed de los pescados que ahora habéis pescado. 
11 Entonces Simón Pedro subió y sacó a tierra la red llena de grandes pescados, 153 de ellos; y aunque eran tantos, la red no se rompió. 
12 Jesús les dijo: 
—Venid, comed. 
Ninguno de los discípulos osaba preguntarle: "Tú, ¿quién eres?", pues sabían que era el Señor. 
13 Vino, entonces, Jesús y tomó el pan y les dio; y también hizo lo mismo con el pescado. 14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos después de haber resucitado de entre los muertos. 
Jesús y Pedro
15 Cuando habían comido, Jesús dijo a Simón Pedro: 
—Simón hijo de Jonás, ¿me amas tú más que éstos? 
Le dijo: 
—Sí, Señor; tú sabes que te amo. 
Jesús le dijo: 
—Apacienta mis corderos. 
16 Le volvió a decir por segunda vez: 
—Simón hijo de Jonás, ¿me amas? 
Le contestó: 
—Sí, Señor; tú sabes que te amo. 
Jesús le dijo: 
—Pastorea mis ovejas. 
17 Le dijo por tercera vez: 
—Simón hijo de Jonás, ¿me amas? 
Pedro se entristeció de que le dijera por tercera vez: "¿Me amas?"  Y le dijo: 
—Señor, tú conoces todas las cosas. Tú sabes que te amo. 
Jesús le dijo: 
—Apacienta mis ovejas. 
18 De cierto, de cierto te digo que cuando eras más joven, tú te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, y te ceñirá otro y te llevará a donde no quieras. 
19 Esto dijo señalando con qué muerte Pedro había de glorificar a Dios. Después de haber dicho esto le dijo: 
—Sígueme. 

Jesús y el discípulo amado
20 Pedro dio vuelta y vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba. Fue el mismo que se recostó sobre su pecho en la cena y le dijo: "Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?"  21 Así que al verlo, Pedro le dijo a Jesús: 
—Señor, ¿y qué de éste? 
22 Jesús le dijo: 
—Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué tiene esto que ver contigo? Tú, sígueme. 
23 Así que el dicho se difundió entre los hermanos de que aquel discípulo no habría de morir. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: "Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué tiene que ver eso contigo?" 

Apariciones personales de Jesús: Orillas del Mar de Tiberías


 APARICIÓN PERSONAL JUNTO AL MAR DE TIBERIAS 
Juan 21:1–23

La mayor parte de las autoridades concuerdan en que el último capítulo de Juan es un apéndice o epílogo. Algunos sostienen que no fue escrito por el mismo hombre que escribió los 20 primeros capítulos. Otros ven aquí evidencia clara tanto en lenguaje como en contenido, de que proceden del mismo autor.

Entre los contemporáneos, Hoskyns representa a una minoría que afirma que el capítulo es parte integral del Evangelio, y que ambos fueron escritos por el mismo autor. El comenta: “Por medio de dos breves escenas sus lectores reciben la plena confianza en la universalidad y poder de la iglesia. La pesca de 153 peces y el cuidado paciente apostólico de las ovejas y los corderos le dan un clímax al Evangelio, no a la fe de Tomás.” Westcott, que lo considera un epílogo, pero del mismo autor, dice: “La manifestación del Señor, dada en detalle en el libro, tiene como propósito ilustrar la acción del Señor en la sociedad.”41


    1.      Los discípulos van a pescar (21:1–14)

Antes de su crucifixión, Jesús les había dicho a sus discípulos que después que resucitara de los muertos El iría delante de ellos a Galilea (Mt. 26:32; Mr. 14:28). 

Las escenas sinópticas después de la Resurrección se refieren al encuentro del Señor en ese lugar (Mt. 28:7, 10, 16; Mr. 16:7). Pero Juan es el único que detalla la escena en el mar de Tiberias, donde Jesús se manifestó (ephanerosen, lit., “se hizo manifiesto, reveló”) otra vez a sus discípulos (1). 

Este lenguaje indica que “El no estaba continuamente visible entre la resurrección y la partida final”. El se revelaba a los suyos solamente cuando era necesario para sus seguidores.

La escena es introducida por la expresión y se manifestó de esta manera (1), que literalmente quiere decir que “se les reveló a sí mismo de esta manera”. Después de esto sería después de su resurrección, es decir, de las apariciones registradas después de la resurrección que encontramos en el 20.

Siete de los discípulos estaban juntos. El primero mencionado es Simón Pedro (cf. 1:40–41), indicando de esta manera su lugar de liderazgo entre los discípulos. Hay otros cuatro nombrados, Tomás, Natanael, los dos hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) (2). Hay dos discípulos más cuyos nombres no son mencionados.

A pesar del hecho de que estos hombres habían visto y hablado con su Señor resucitado en dos ocasiones distintas, excepto Tomás (una sola), todavía eran como ovejas sin pastor. Era natural que pensaran en su antigua ocupación. Pedro, Jacobo y Juan eran pescadores de oficio. 

De modo que Pedro les dijo: Voy a pescar (3, lit., “Estoy yendo a pescar”). Su proposición fue aceptada rápidamente por los otros seis, que le dijeron: Vamos nosotros también. Westcott sugiere: “Los discípulos parecían haber regresado a sus labores comunes, esperando con calma una señal que les indicara lo que les depararía el futuro.” Fueron y entraron en una barca (3). 

La mejor pesca era durante las horas de la noche. Pero aun con el tiempo favorable aquella noche no pescaron nada (cf. Juan 9:4; Juan 11:10). Si la noche y las tinieblas fueran ocasión de fracaso, un tiempo cuando el verdadero trabajo de la vida no podía hacerse, el antídoto se les presentaría con la llegada de la luz. 

Cuando ya iba amaneciendo en inmediato contexto con la llegada de “la Luz Verdadera” (Juan 1:9)—se presentó Jesús en la playa (4). Jesús no fue inmediatamente reconocido. Mas los discípulos no sabían que era Jesús (cf. Juan 20:14; Lc. 24:16, 31). Algunos han dicho que la falta de reconocimiento por parte de los discípulos se debió a la distancia de la playa (como unos 95 metros, 8), la luz opaca del amanecer o una niebla en el lago. Pero nada de esto es necesario tener en cuenta ya que Jesús se reveló a Sí mismo como El quería y de acuerdo a la necesidad de sus seguidores. 

Bernard dice: “El Señor resucitado no era reconocible, si ‘El no se manifestaba’.” Westcott sugiere que ellos estarían “preocupados con su trabajo… de modo que la visión de lo divino estaba oscurecida”.

Jesús inicia la conversación con una pregunta. Una versión literal rezaría: “Muchachos, no han pescado nada, ¿verdad?” Y ellos le respondieron: No (5). Y enseguida Jesús les dio instrucciones a sus discípulos que poco esperaban lo que iba a suceder: Echad la red a la derecha de la barca (bote) y hallaréis (6). Siguiendo la sugestión, (realmente era un mandato) del desconocido Extraño desde la costa, ellos entonces la echaron, y ya no la podían sacar por la gran cantidad de peces. 

Algunos han sostenido que la gran cantidad de peces no era milagrosa. Bernard dice: “El mar de Galilea todavía tiene enjambres de peces.” Más adelante, dice: “Esta gran pesca no debe ser descrita como un semeion (señal, milagro) ni de sugerirse como algo milagroso.” Sin embargo, Trench lo discute bajo el título “La Segunda Pesca Milagrosa de Peces” (cf. Lc. 5:5–11). Teniendo en cuenta el hecho de que el autor de este evangelio, el Discípulo amado, recordara este momento de reconocimiento cuando él dijo: ¡Es el Señor! (7), debe haber visto en la pesca algo más que una gran cantidad de peces.

En este episodio Juan y Pedro se ven en su verdadero carácter. Juan era profundamente perceptivo, “un genio espiritual”, (cf. Juan 20:8) quien vio a Jesús en el milagro. Fue Pedro, “un líder impetuoso, vehemente y amante”, quien se encarreró hacia la costa (cf. Juan 18:10; Juan 20:6). “Se puso las ropas”, porque estaba desnudo para el trabajo y se echó al mar (7).

En un mensaje sobre Juan 21:1–7, Alexander Maclaren usa como texto y tema el descubrimiento y exclamación de Juan: ¡Es el Señor! (7); 

(1) Sólo ven correctamente los que ven a Cristo en todas las cosas, 3–4; 
(2) Solamente los que aman ven a Cristo, 7; 
(3) Aman aquellos que saben que Cristo les ama, 5–6.

Siguiendo a Pedro, los otros discípulos vinieron con la barca (bote, barco pequeño) arrastrando la red de peces (8). El barco más grande (ploion) no podía acercarse a la playa debido a las aguas poco profundas, por eso emplearon el bote con que llevaron la pesca a la playa.

En ese lugar, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan (9). Jesús los invitó: Traed de los peces que acabáis de pescar (10). Pedro tomó la delantera, se dirigió al bote y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres (11). 

Las interpretaciones de estos números (153) han sido distintas y numerosas. Algunos ejemplos son: 
  • Tres elementos simples 100 + 50 + 3 representando “la plenitud de los gentiles”, “el remanente de Israel” y la “Santa Trinidad”, respectivamente (Cirilo de Alejandría); diez es la Ley, siete la gracia, por lo tanto diecisiete es la plenitud de la revelación divina y los números desde el 1 al 17 agregan un total de 153, “que significan todos aquellos que han sido incluidos en la operación salvadora de la gracia divina (Agustín)”. 
  • Otra interpretación sugerida frecuentemente es que los griegos creían que había 153 clases de peces. En consecuencia, “los discípulos hicieron una perfecta pesca”,57 simbolizando así la universalidad del evangelio. 
Los comentadores más modernos lo toman simplemente como el total de lo pescado. Hoskyns comenta: “No hay significado simbólico en el número mismo: Es importante como cantidad y debe haber sido reconocido como tal por los griegos eruditos, en cuyo caso, puede ser usado, por transferencia, para simbolizar una perfecta y única pesca.”

Aun, con una pesca tan extraordinaria, la red no se rompió. Es evidente que todo el episodio es una manifestación de la iglesia en acción pescando a los hombres—hombres de todas clases. La red que no se rompió, un punto notado por Juan el expescador, dice algo de esa figura. “Las fuentes de la iglesia con Cristo en su medio, jamás pueden ser sobrepasadas.”

Por una parte, la escena es absolutamente casual; por ejemplo en la pregunta de Jesús del 5, y aquí (12) cuando El les dijo: “Venid, tomad el desayuno” (lit.). Por otra parte, no había la comunicación fácil que caracterizó las preguntas de los capítulos 13 y 14. Ninguno de los discípulos se atrevió (tuvo coraje) a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor (12).

Como de costumbre, Jesús presidió la comida. Tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado (13). Aunque algunos han creído ver en esta la comida de la eucaristía no hay buena evidencia de que tal cosa fuera el propósito del autor (cf. Juan 6:11). Como si se propusiera llamar la atención sobre el propósito del evento, Juan notó que era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba (revelaba) a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos (14). 

    2.      Jesús y Pedro (Juan 21:15–19)

Tan pronto como terminaron de comer Jesús llegó a su propósito mayor de esa mañana. Se dirigió a Pedro: Simón, hijo de Jonás (Juan) ¿me amas (agapas) más que éstos Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo (philo) (15). Las dos preguntas necesitan consideración. ¿Qué comparación estaba en la mente de Jesús cuando dijo más que éstos? El lenguaje y la sintaxis admitirían tres comparaciones posibles 

(1) ¿Me amas más de lo que amas a estos discípulos? 
(2) ¿Me amas más de lo que amas a los botes, las redes y la pesca? 
(3) ¿Me amas más de lo que estos discípulos me aman? (cf. Mr. 14:29; Lc. 22:33; Jn. 13:37). 

Bien puede ser que lo que parezca una ambigüedad tiene realmente el propósito de ser una implicación de plena consagración. 

El Maestro se proponía aclarar una exclusión general de todas las cosas que podían interferir con el amor de Pedro para su Señor. Es abundantemente cierto que el amor del cristiano a su Señor tiene que ser exclusivo, y es la única respuesta en la cual jamás se ha conocido un exceso. En el último análisis el “interrogatorio tiene referencia a una cosa solamente y ésta es el amor de Pedro por Jesús… Si él ama, es suficiente. Esa es la única condición esencial para el oficio apostólico y el ministerio”. La segunda pregunta aquí es discutida más tarde (17). Es: ¿Qué diferencia significativa existe, si la hay, en el uso de las distintas palabras (agapao y phileo) para denotar amor?

Es instructivo notar que Pedro, aun en la primera respuesta estaba dispuesto a someter la totalidad de su intención al escrutinio de su Señor—tú sabes. “Con el recuerdo de su fracaso Pedro no podía apelar a su propio récord, pero sí podía apelar a la comprensión de su Maestro.” Sin ninguna indicación directa de aceptación o rechazo de la respuesta de Pedro, Jesús le dijo: Apacienta (boske mis corderos (arnia) (15).

Una segunda vez Jesús hizo la misma pregunta
solamente omitiendo la comparación más que éstos, y usando un sinónimo en la asignación: Pastorea (poimaine, pastor) mis ovejas (probatia) (16). Jesús hizo la pregunta la tercera vez. La mayor parte de los comentadores concuerdan en que estas tres preguntas casi idénticas fueron hechas porque Pedro le negó en manera casi idéntica la misma cantidad de veces (Juan 18:17, 25–26). Las barreras levantadas por las negaciones personales del Señor no son rápidamente demolidas. Mientras se calentaba al fuego hecho por los enemigos de Jesús, Pedro negó tres veces al Señor. Ahora, alrededor de un fuego encendido por su Señor que lo ama, Pedro debe afirmar tres veces su amor.

La tercera pregunta y respuesta toman una forma ligeramente distinta. 
Simón, hijo de Jonás ¿me amas? (phileis). Ante esta tercera pregunta, Pedro se entristeció (“profundamente herido”, Phillips) y dijo: Señor, tú lo sabes (oidas) todo; tú sabes (ginoskeis) que te amo (philo) (17). No sólo era un asunto de intuición divina sino absoluto conocimiento (oidas) acerca de Pedro; el conocimiento de Jesús estaba basado en su relación experimental (ginoskeis) y personal con él. Nuevamente el Señor dijo: Apacienta (boske) mis ovejas (probatia).

La mayor parte de los exégetas modernos sostienen que los dos verbos griegos que significan “amar” (agapeo y fileo) son empleados como sinónimos por Juan, no sólo en este pasaje sino en todo su Evangelio. 

Sin embargo, Westcott sostiene que el cambio en el uso de las palabras tiene significado. El comenta: “Así que Pedro se sintió herido no solamente por la renovación de la pregunta pero porque esta tercera vez la frase fue cambiada… como para dar lugar a la duda de que tal vez él no pudiera proclamar correctamente ese amor modificado que él había profesado.”

En esta segunda parte del episodio sobre la costa del mar de Galilea, dos cosas surgen claramente. La primera es que el amor, el puro amor es la única base adecuada para el servicio apacienta mis corderos (cf. Juan 13:8–9, 34). Segundo, es que aquellos que son comisionados (Juan 20:21) tienen el mandato de Dios para ser pastores del rebaño que principalmente consiste en alimentar, y el cuidado vigilante de las ovejas.

Jesús tenía algo más que decirle a Pedro: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras (18). 

Ha llegado para Pedro el fin de la irresponsabilidad moral. Hoskyns dice: “La libertad irresponsable y vocinglera de la juventud toca a su fin. Ya no podía actuar como lo había hecho y obrar como cuando se ceñía y abandonaba a medias la pesca y nadaba solo a la costa.” Las palabras extenderás tus manos fueron “una predicción inequívoca del martirio por la cruz”. Por cierto que Juan así lo entendió. Esto dijo Jesús, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios 19). 

Según Westcott “la crucifixión de Pedro en Roma está atestiguada por Tertuliano y otros escritores posteriores. Orígenes más adelante declaró que había sido crucificado cabeza abajo a su propia solicitud.” Antes de la crucifixión del Señor, Pedro había sostenido resueltamente su disposición a morir por su Señor. Pero Jesús había declarado la falta de capacidad de Pedro para seguirle y había pronosticado su negación (Juan 13:36–38). Ahora se había hecho la prueba de amor—una triple prueba (cf. Juan 13:34–35). Aparentemente la capacidad para seguir a Jesús “hasta el fin” está determinada no sólo por la propia disposición sino por la calidad del amor de la persona—el perfecto amor, porque ahora Jesús le dijo a Pedro: Sígueme (Juan 21:19). El hecho de que este mandato está en griego en tiempo presente indica que la acción debe ser continua, habitual, por costumbre. Ya no habría más negaciones.


    3.      Jesús y Juan (Juan 21:20–23)

Ordenado y comisionado para seguir a Jesús, Pedro volviéndose vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús (20). Les seguía puede ser tomado de dos maneras. Juan andaba con Jesús y con Pedro por la costa. Pero esto no parece posible, porque no hay indicación de que fueran a alguna parte. Más plausible es que, teniendo en cuenta lo que había sucedido antes (Juan 21:18–19) Pedro sabía que Juan era el que tenía más percepción espiritual (cf. Juan 21:8; 21:7) y quien en el sentido más elevado y sincero estaba siguiendo a Jesús.

En vista del hecho de que seguir a Jesús, le costaría a Pedro ser crucificado (18), la curiosidad natural de Pedro se apoderó de él. Preguntó: Señor, ¿y qué de éste? (21). Jesús respondió: “Si es mi deseo [thelo] que él quede [menein] hasta que yo venga, ese no es asunto tuyo, Pedro. Tú debes seguirme” (22, Phillips). Llegar al martirio como un seguidor de Jesús era el destino de Pedro. Pero no es el martirio lo que constituye la gloria de un hombre. Esta es hacer la voluntad de Dios. Si quiero que él quede (23). De modo que no es asunto cómo muere un seguidor. La cosa es cómo vive, cómo cumple con la voluntad de Dios.


JUAN FINALIZA SU EVANGELIO: FIN, Juan 21:24–25

La conclusión del Evangelio de Juan es un testimonio de su autoridad. Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas (24). Es una certificación de la veracidad de su registro—Y sabemos que su testimonio es verdadero (24). La primera declaración, según la erudición conservadora, se refiere a Juan. El sabemos de la segunda declaración se refiere al testimonio de la comunidad cristiana. 

Quimby dice: “Pero de la verdad de su libro ellos están tan seguros como del amanecer… Veinte centurias de experiencia cristiana, el único lugar donde la verdad del evangelio puede ser probada, lo ha confirmado.”

La declaración conclusiva es lo que Hoskyns llama “la expresión más apropiada de insuficiencia literaria”. ¡Qué gran verdad es que la Palabra Viva jamás podrá ser expresada en su plenitud en el lenguaje escrito! En este sentido ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir (25).

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